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Mi esperanza está en lo que ojo alguno vio jamás. No me permitas, pues, confiar en recompensas visibles. Mi esperanza está en lo que el corazón humano no puede sentir. No me permitas, pues, confiar en lo que mano alguna tocó jamás. No me permitas, pues, confiar en lo que puedo aferrar con mis dedos, porque la Muerte me hará soltar mi presa, y mi vana esperanza se habrá esfumado. Hazme confiar en tu misericordia, no en mí mismo. Hazme esperar en tu amor, no en la salud, ni en la fuerza, ni en la habilidad ni en los recuerdos humanos. Si confío en Ti, todo lo demás será para mí fuerza, salud y sustento. Todo me conducirá al cielo. Si no confío en Ti, todo me servirá para mi destrucción.
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