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Tres textos del Padre Christian: El testimonio de Jesús hasta la muerte, su "martirio", es martirio de amor, de amor por el hombre, por todos los hombres [...] Desgraciadamente, todos hemos vivido lo suficiente como para saber que nos es imposible hacer todo por amor, por lo tanto no podemos pretender que nuestra vida sea un testimonio de amor, un "martirio" de amor [...] Sabemos, por experiencia, que muchas veces los pequeños gestos de amor cuestan mucho, sobre todo cuando hay que repetirlos diariamente. Lavar los pies a los hermanos el Jueves Santo, vaya y pase; ¿pero si hubiera que hacerlo cada día y a cualquiera? Cuando el P. Bernardo nos dice que "la orden tiene más necesidad de monjes que de "mártires" ", nos habla de este martirio propio del monje por medio de tantas pequeñas cosas. Hemos dado nuestro corazón "al por mayor" a Dios, y nos cuesta más pues Él nos lo toma al "pormenor". Ponerse un delantal como hizo Jesús puede ser tan importante y solemne como la donación de la propia vida... y viceversa, donar la vida puede ser tan sencillo como ponerse un delantal. (P. Christian, El martirio de la caridad, Jueves Santo, 31-III-94) Me parece que recibimos hoy [en la Noche Pascual] una invitación sobreabundante a este "martirio" que nos ha sido destinado, el martirio de la esperanza. ¡Oh! No es algo glorioso ni brillante. Se ajusta exactamente a todas las dimensiones de lo cotidiano. Y ha definido desde siempre al estado monástico: el paso a paso, el gota a gota, la palabra tras palabra, el codo a codo... y todo esto que hay que volver a comenzar en la vida regular de cada día, y otro tanto durante la noche, y todo esto que hay que continuar rumiando, corrigiendo, discerniendo y sobre todo esperando. (P. Christian, El martirio de la esperanza, Vigilia pascual, 2-IV-94). La palabra caritas [...] es la meta última de toda la Regla y define además la escuela benedictina: caridad, dilección, dilatación del corazón... Todo esto en la paciencia de la estabilidad y de la perseverancia, manera propia nuestra de participar en los sufrimientos de Cristo, he aquí nuestro "martirio", que debería ser entonces tanto un "martirio de amor" cuanto un "martirio de esperanza". (P. Christian, Capítulo comunitario, 16-III-96).
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