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El día 16 de noviembre madre Lodovica, con padre Francisco, hna. Maruri y hno. Emanuel estuvieron en nuestro monasterio de Boa Vista, en Brasil, para la toma de hábito de su primera novicia, Raquel. Compartimos algunas palabras que madre Lodovica ofreció a hna Raquel y a la comunidad reunida durante esta celebración en el capítulo.
UN MILAGRO
Yo debería hablarte de Santa GERTRUDIS. Te confieso que traté de hacerlo… Estudié, busqué en Internet. Hasta me encontré con un estudio de 15 páginas hecho por padre Francisco y por otro estudio de 20 páginas hecho por madre Liliana. Buena voluntad tuve, pero no me sentí capaz. Ellos dos, de veras, son expertos y pueden darte mucho más que yo que soy una pobre y vieja mujer. Y entonces escuché mi corazón y allí resonó una historia que te voy a contar: Un día el Sembrador salió a sembrar. Las semillas cayeron en tierra buena. El sembrador aguardaba los 9 días para ver apuntar el pastito verde. Un pasto como todo el pasto. Pero este pasto era precioso: era trigo. Mientras estaba sentado mirando a la tierra se le acercó un hombre con delantal blanco y lentes gruesos. -¿Qué miras buen hombre? -Estoy esperando que brote mi tesoro- respondió el sembrador. Sé que no puedo hacer nada, pero me parece que mirando apuro el día del brote. - Mal hecho. ¿Sabes?, el trigo no va nacer. Tu semilla es mala. Yo lo sé porque he visto los sacos donde conservaste la semilla y te aseguro que este trigo no va a nacer y si algo nace será muy malo. Te conviene pasar el arado, y por último cómprate una semilla más segura y vuelve a sembrar. Soy un ingeniero de agricultura: yo sé de semillas. Además la tierra en que sembraste no parece tan bien abonada. Es un desastre tu siembra. Los granitos que estaban bajo la tierra esperando nacer, se sintieron morir de miedo. -Ahora este Señor, que se cree un Dios, hará que nuestro Buen Sembrador se canse, pase el arado y definitivamente nosotros moriremos sin poder brotar. Estamos a medio hacernos trigo nuevo y este señor nos encuentra malos. -¿Qué hará nuestro sembrador?- -No puede ser que seamos tan malos, si somos los granitos de la cosecha anterior. Los mejores de aquella cosecha.- -Pero, si este señor así habla… tendrá razón.- -Cierto, no somos certificados, pero estamos vivos y estamos cambiándonos a plantita nueva.- -Sí, pero el sembrador no ve nuestro proceso: estoy seguro que nuestro sembrador le hará caso a este ingeniero. EL sembrador quedó pensativo. No podía escuchar el latido de aquellos pequeños corazones, no podía ver todavía el cambio que se estaba produciendo dentro la tierra. Pero él ya quería este campo color café, que dentro de poco se transformaría en verde: verde de trigo nuevo. El sembrador se arrodilló y acarició la tierra. La tierra quedó silenciosa. Continuó de rodilla. La duda le quemaba el corazón: -¿Y si tuviese razón el Ingeniero?- -¿Y si mi semilla era de veras mala?- Él recordaba que el mismo la había seleccionado: quizás no tuvo cuidado. -No sé- dijo. Y después de un largo silencio, con los ojos al cielo gritó: -Tú todo lo puedes: Tú puedes hacer florecer mi campo. Quedó largo tiempo así… ¿un día?, ¿tres días?. Su grito hería el cielo. El ingeniero pasaba por allí y meneaba la cabeza: “está loco” pensaba. Hasta que al noveno día le pareció escuchar algo: como que la tierra gemía, como que reía, como que lloraba. Pensó que el cansancio debía haberle hecho perder su cabeza. Escuchó mejor. El viento acariciaba con él la tierra que tanto amaba. Levantó los ojos: el horizonte estaba verde. La semilla había logrado romper la tierra y ahora estaba allí frente a sus ojos, como una promesa de pan para sus hijos. Esto aconteció de verdad 26 años atrás, cuando tú, como aquellas semillas, estabas en el vientre de tu madre. Y naciste, te hiciste grande. Tu vida sabe a MILAGRO. ¡Te he recordado esto para que no lo olvides! Tu vida es un milagro. Y el milagro se repite hoy: “Yo pasé entonces cerca de ti, te vi debatiéndote en medio de tu sangre y te dije: ¡Vive tú que pierdes tu sangre, y crece como una hierba del campo! Entonces comenzaste a crecer, te desarrollaste, te convertiste en una jovencita, tu pecho se afirmó y tu cabellera creció; pero estabas desnuda, no tenías nada. Entonces pasé cerca de ti y te vi; era el tiempo de los amores, eché sobre ti mi manto, cubrí tu desnudez y te hice un juramento. Hice una alianza contigo, palabra de Yavé, y tú pasaste a ser mía”.(Ez.16,6-8)
Sí, eres del Señor y Él hoy te siembra de nuevo en esta tierra de Boa Vista. Tu vida depende ahora, como hace 26 años, de la mano providente de Jesús: Jesús Eucaristía que aprendiste a amar desde niña. Jesús Eucaristía con quien aprendiste a conversar y de quien te enamoraste hasta dejarlo todo y partir. Eres la nueva semilla para ser sembrada en el campo del SEÑOR. La Fe de tus padres cuidó tu gestación. Ahora la Fe de tu Iglesia cuida de tu nueva vida. Pero junto con la Fe de la Iglesia se necesita tu Fe: Fe en el Misterio que te ha llamado y cuidado. Fe que es Él quien todo hace y cumple. Fe en el sembrador que sigue cuidándote y espera tu llegada. Él es el mismo Misterio, Él te conoce por tu nombre y ahora te ha entregado a la madre tierra: Fe en la tierra que te acoge: en tus hermanas… Pueden ser ásperas, torpes, blandas o duras. Son tu tierra que el sembrador acaricia. Fe en la tierra que te acoge es Fe en la Iglesia, Cuerpo vivo de tu Señor. Esta Iglesia te va plasmando, formando, dándote el Alimento y la Bebida, porque en ella celebramos todos los días la santa Eucaristía. Fe en esta tierra que te custodia en su seno hasta hacerte nacer milagrosamente para Jesús, cuando lo verás cara a cara. Y por último Fe en tu madre María (ella primicia de la Iglesia) que aprendiste a conocer y amar: ella te lleva en su seno dentro de tu Iglesia: En su seno, en sus manos cada día. Ella que es la tierra donde se gestó Jesús, ella que es la tierra donde se gesta esta iglesia… Ella sabe de nacimiento y de fecundidad. Estas en sus manos como un nuevo milagro de amor y de vida.
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