Oficio Divino

 

 

       Vísperas, la oración de la tarde, hora de paz, hora de esperanza, momentos en los cuales el alma descansa y se alegra al ver transcurrido un día más.

         Las Vísperas nos señalan el fin de la jornada, todo pasa, dentro de poco vendrá de nuevo la noche.

         Vísperas, en la Iglesia el sol entra oblicuamente por una ventana e ilumina el Sagrario, es rojo, sus rayos son débiles y al tropezar en el altar lo hacen suavemente, parece que le besan.

         Los cantos son solemnes y es emocionante el Magnificat a la Santísima Virgen, hora en la que el alma ve que todo pasa, pasaron los trabajos del día, pasaron las penas, si las hubo, pasaron las alegrías, pasó el día y con el pasamos también nosotros arrastrando la Cruz unas veces, y otras en las alas de la consolación.

         Vísperas, la oración del crepúsculo, la oración en la que el alma le pide a Dios la paz de un buen fin, el trapense le pide a Dios la alegría de una  muerte santa, ¡como consuelan estos momentos de tanta solemnidad en la salmodia y de tanta paz en el corazón! ¡Cuanta alegría encierra la hora de Vísperas!

         Que emoción siente el alma al ver transcurrido un día más en el servicio del Señor, ¡cuanto agradece nuestro corazón el sublime privilegio de haber podido pasar el día cantando delante del Señor!  

 

 

 


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