Trabajo

 

 

         Las tres de la tarde de un día lluvioso del mes de diciembre, es la hora del trabajo y como hoy es sábado y hace mucho frío, no se sale al campo, vamos a trabajar a un almacén, donde se limpian las lentejas, se pelan las papas, se trituran los porotos etc.

         El día está triste, unas nubes muy feas, un viento, algunas gotas de agua que caen como de mala gana y que lamen los cristales y dominándolo todo un frío digno del país y de la época.

         Lo cierto es, que aparte del frío, que lo noto en mis helados pies y refrigeradas manos, todo esto se puede decir que casi me lo imagino, pues apenas he mirado la ventana, la tarde que hoy padezca es turbia y turbio me parece todo. Algo me abruma el silencio y parece que unos diablillos están empeñados  en hacerme rabiar con una cosa que yo llamo recuerdos.           Paciencia y Esperar.

       En mis manos han puesto una navaja  y delante de mi un cesto con una especie de zanahorias blancas muy grandes y que resultan ser nabos. Yo nunca los había visto al natural, tan grandes y tan fríos.

         El tiempo pasa lento y mi navaja también entre las cortezas y la carne de los nabos que estoy lindamente dejando pelados. Los diablillos me siguen dando guerra: que haya dejado mi casa para venir aquí con este frió a pelar estos bichos tan feos, verdaderamente es algo ridículo esto de pelar nabos, con esta seriedad de magistrado de luto.

         Un demonio pequeñito se me escurre muy dentro y me recuerda mi casa, mis padres, mis hermanos, mi libertad que he dejado para encerrarme aquí  entre lentejas, papas, porotos y nabos.

         El día está triste, no miro a la ventana pero lo adivino, mis manos están coloradas, coloradas como los diablillos, mis pies congelados, y el alma, Señor quizás el alma sufriendo un poquito, mas no importa… Refugiándonos en el silencio.

         Pero, ¿qué estoy haciendo Virgen Santa?

¡Que pregunta!, pelar nabos y ¿para que?

          Y el corazón dando un brinco, contesta medio alocado, Pelo nabos por amor, por amor a JESUCRISTO.

         Ya nada puedo decir que claramente se pueda entender, pero si diré que allá dentro, muy dentro del alma, una paz muy grande vino en lugar de la turbación que sentía antes.

 

 


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