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Fraternalmente
En el monasterio nos esforzamos por
crecer en la caridad fraterna, que se expresa diariamente compartiendo
la mesa, la oración común, especialmente la Eucaristía,
y en la vida comunitaria en general. San Benito nos pide que
seamos diligentes en servirnos y honrarnos mutuamente buscando
en todo no lo que parece útil para sí sino para
los demás.
Teniendo todo en común
Si bien los monjes no poseemos nada
propio, el abad se ocupa de que a ninguno falte lo necesario,
dando a cada uno de acuerdo a lo que necesita, pues algunos hermanos
necesitan más y otros menos, de modo que nadie se perturbe
ni aflija en la casa de Dios.
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Guiados por un abad
Para que en todo reine la paz y la caridad
San Benito confía al abad la organización del monasterio.
Éste, que hace las veces de Cristo en el monasterio, debe
saber guiar a los hermanos de manera que puedan hacer buen uso
de los bienes que el Señor depositó en cada uno.
Ha de preferir siempre la misericordia a la justicia y ha de
procurar ser más amado que temido por los hermanos. A
su vez los monjes debemos amar al abad con una caridad sincera
y humilde buscando no anteponer nada absolutamente a Cristo,
el cual nos lleve a todos juntos a la vida eterna.
Compartiendo responsabilidades
Cuando hay que tratar asuntos de importancia
en el monasterio, el abad convoca a toda la comunidad de modo
que oyendo el consejo de los hermanos pueda disponer lo que juzgue
mejor y nombrar también hermanos con los que pueda compartir
confiadamente su responsabilidad.
Perseverando en la oración
Cuando todavía es de noche nos
levantamos para orar ya que la misma Escritura nos exhorta: "ya
es hora de levantarnos del sueño" (Rm 13,11). Santificamos
después la jornada celebrando, según las horas
del día, el Oficio Divino de la Iglesia: laudes, tercia,
sexta, nona, vísperas y completas. La cumbre de nuestra
vida de oración es la celebración diaria de la
Eucaristía, en la que comulgando con el Cuerpo de Cristo
hacemos nuestros los sufrimientos, gozos y esperanzas de toda
la humanidad.
Trabajando para subsistir
Nos ocupamos en ciertos tiempos en el trabajo manual y a ciertas
horas en la lectio divina de manera que nunca estemos ociosos.
Si alguno, además, posee alguna habilidad manual o intelectual,
puede ejercerla con toda humildad si el abad así lo permite.

Acogiendo al huésped
y al peregrino
En nuestras hospederías acogemos
personas que buscan reencontrarse con Dios y consigo mismas en
un ambiente de paz, silencio y oración.
Ayudando a discernir
Cuando alguien manifiesta interés
por ingresar a la vida monástica comienza entonces un
discernimiento con un padre o una madre espiritual que lo ayuda
a descubrir la voluntad de Dios. El criterio último del
discernimiento espiritual será que la persona busque verdaderamente
a Dios.
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Canto Gregoriano
Laetatus sum Gradual |
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