Nuestra comunidad está compuesta por
27 hermanas, de las cuales actualmente
(año 2010) doce están en proceso de
formación inicial.

 

Pertenecemos a la Orden de los Cistercienses, que en un principio (año 1098) no era más que un grupo de monjes benedictinos que quisieron vivir en forma más sencilla según la regla de San Benito (siglo VI), en un lugar llamado "el Císter", en Francia.

Todavía hoy nos comprometemos a vivir según esa regla.

Nos llaman también "trapen­ses", porque somos descendientes de la reforma, que en el siglo XVII, se realizó en el monasterio de "La Trappe", en Francia. Poste­riormente nuestro nombre oficial pasó a ser el de Orden de los Cistercienses de la Estricta Obser­vancia.

Dicho en forma sencilla, nuestra vida consiste en "buscar a Dios" por la oración.

Los medios principales de esta búsqueda son tres:

  • la oración en común,
  • la lectura meditativa (Lectio Divina), y
  • el trabajo manual.

 Medios importantes también son el silencio y la separación del "mundo".

 

Estos medios son conducentes no al aislamiento, sino a la solidaridad con todos los hombres en lo que es más central en cada uno: una pobreza radical que Dios transforma en capa­cidad de recibir su Palabra Salvadora, Jesucristo.

No menos impor­tante es el medio que abarca todos los demás: la vivencia intensa de la caridad en comunidad. 

 

El 8 de Septiembre de 1981 fue fundado el monasterio Nuestra Señora de Quilvo, cerca de Curicó y el 8 de Septiembre de 1986 el monasterio Santa María de Miraflores, se mudó de su antiguo emplazamiento en La Dehesa, cerca de Santiago, a su actual ubica­ción en un predio agrícola al noreste de Rancagua.

Pertenecemos a una única Orden, en dos ramas: el vínculo de la caridad congrega en la unidad a las comunidades de la Orden extendidas por todo el mundo. Mediante esta comunión se ayudan una a otras a conocer más profundamente y expresar el patrimonio común.  Además se animan y confortan en las diversas dificultades.

Queremos recordar las palabras de San Benito, que bien pueden servir como resumen de su espíritu. En realidad están dirigidas tam­bién a ti:

“No anteponer nada a Cristo"...,
porque Cristo no quiso anteponer nada a ti.

Para ser admitida, no es necesario cumplir con particulares condiciones materiales o sociales. El diálogo humilde y confiado con las superioras conduce al conocimiento de la voluntad de Dios para sí y ayuda a asumir las exigencias de la vida monástica,

“El Senor Jesus nos dijo a todos y a cada uno:
¡ven y sigueme!
Su Palabra es viva y eficaz.

para todos los cristianos, sin excepción,
el radicalismo evangelico es una exigencia
fundamental a irrenunciable, que brota de
la llamada de Cristo a seguirlo e imitarlo.
Esta exigencia encuentra su fuente en la
intima comunión de vida con El, realizada
por el Espíritu.

En las grandes religiones de la humanidad,
la vida monástica ha sido siempre considerada
como una forma radical de vivir enraizados
en el Absoluto. En nuestra tradición cristiana,
los monjes y monjas sólo desearon seguir
a Cristo, tal como lo propone el Evangelio,
siendo tambien "signos" de la Iglesia ansiosa
de entregarse al radicalismo de las bienaventuranzas”.

(Bernardo Olivera)



     
 
 

Salmo 118