“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino”
salmo119, 105(118)

Entre las numerosas gracias y bendiciones que Dios nos trae escondidos entre los pliegues de su Palabra, esta el don de Su Luz. Jesús mismo se define como la luz “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, tendrá la luz que le da vida, y nunca andará en la oscuridad” (Jn 8, 12). Todos hemos experimentado la realidad de la noche y cuando niños el miedo a la oscuridad nos aterrorizaba. A lo largo de la vida, en el camino espiritual, son muchas las sombras de muerte que nos acechan, son frecuentes los miedos que nos paralizan, las noches oscuras del alma son parte del peregrinar hacia Dios.

Ahora bien, el Señor viene a nuestro encuentro con su Palabra para “iluminar” nuestras noches, llega junto a nosotros para alumbrar el sendero de nuestra vida y desterrar de ella toda sombra de miedo y de muerte. La Palabra de Dios trae encerrada en su seno una lámpara para cada uno de sus hijos, que con fe inquebrantable y reverente confianza abra el Libro Santo para dejarse iluminar.

En la Lectio Divina podemos acceder a esa Luz que es Vida, Verdad y Camino, es decir, podemos entrar en la intimidad de un encuentro personal con Jesús de Nazaret, nuestro Salvador. Así lo experimento hondamente el anciano Simeón al cargar al pequeño Jesús en sus brazos cansados, supo reconocer el fruto de las promesas, la razón de toda su vida. Alabando a Dios exclamó:

Ahora, Señor, tu promesa esta cumplida: puedes dejar que tu siervo muera en paz.
Porque ya he visto la salvación que has comenzado a realizar a la vista de todos los
pueblos, la luz que alumbrará a las naciones y que será la gloria de tu pueblo Israel”

(Lc 2, 29-32)

Palabras que muy probablemente hizo suyas hace pocos días, ya al final de su vida, otro venerable y querido anciano, nuestro bien recordado Papa Juan Pablo II, preclaro testigo de la fuerza y el poder de la Palabra de Dios en todos los confines del mundo.

Te invito ahora a abrir las páginas sagradas y entrar en lo más profundo y secreto de tu corazón, cierra los ojos externos y deja penetra la luz de la Palabra de Dios, deja que ilumine todos los rincones de tu vida, con filial confianza abraza cada palabra que el Señor te dirige personalmente y echa fuera todo rastro de temor y toda sombra de muerte.

Que el Señor Jesús Resucitado y vivo para siempre, venga a iluminar tus pasos y sea para ti la luz y la paz, para que puedas exclamar lleno de gozo, junto al salmista.

“Tu Palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino”

Un monje Trapense