El trabajo, sobre todo el manual, que ofrece al monje la ocasión de participar en la obra divina de la creación y restauración, y comprometerse en el seguimiento de Cristo, goza siempre de alta estima en la tradición cisterciense.
 

Este trabajo, arduo y redentor, procura la subsistencia a los monjes y a otras personas, especialmente a los pobres, y es signo de solidaridad con el mundo obrero.

Es además ocasión de una ascesis fecunda que ayuda al desarrollo y madurez de la persona, favorece su salud física y psíquica y contribuye sobremanera a la cohesión de la comunidad.

 

El tiempo dedicado al trabajo se determina según las exigencias de la vida monástica y las necesidades del lugar.
(ocso C.26)

"¿Existe un elogio, un encanto y un encomio mayor que vivir de su propio trabajo y no depender en nada del vecino?".
(S. Bernardo, sermón 55,3)

 
 
ESTILO DE SENCILLEZ / GOZOSA AMISTAD